La
pareja: dos sistemas
Cuando se une una pareja, no solo
se están uniendo dos personas, sino que se están uniendo sus dos sistemas
familiares. Cuando dos personas se vinculan en relación de pareja, son muchos seres
en realidad los que se están vinculando. Las reglas aprendidas en el seno
familiar y las formas de relacionarse, de expresar el amor, las historias, los
mitos, las narrativas, alegrías y tristezas, que hemos aprendido en el núcleo de la familia, van a ir conformando nuestro estilo afectivo, estilo que nos guiará
en nuestras elecciones afectivas en la vida de adultos, de forma predominantemente
inconsciente. Es por esto que tendemos a repetir relaciones con cierto tipo de
personas o construir cierto tipo de situaciones al interior de la dinámica
relacional de la pareja.
COMPARTIMOS DOLOR Y HERIDAS
Las experiencias que vivenciamos
como heridas en la infancia y que forman parte de cualquier vínculo y de
cualquier relación de intimidad, encontrarán en la relación de pareja una nueva
oportunidad para ser actualizadas y sanadas, este re-vivir las heridas, es una
nueva oportunidad de aprender a amar en orden.
Cuando los estilos afectivos que
aprendimos en nuestro sistema familiar son resignificados y luego llegamos a la relación
de pareja, es posible que en la diversidad los dos estilos, transformados, se complementen y resuenen en el
amor y en orden, así la pareja se desatasca de los asuntos familiares y puede avanzar.
Cuando sucede lo contrario, la resonancia en la pareja es en el amor en
desorden, o amor ciego, desde el miedo y la dependencia. La pareja que está en
este campo de resonancia con sus asuntos familiares no resueltos, no logra el
mínimo de bienestar para continuar creciendo juntos y vienen los círculos viciosos
de malos tratos, el dolor y violencia en todos los niveles, hasta que
finalmente se da la ruptura. Y cada miembro de la pareja, se va pensando que
con otra pareja si será feliz, sin darse cuenta que cada nueva pareja se
constituirá en la oportunidad de la vida para aprender a construir un vínculo
amoroso en orden y seguro para el crecimiento y que lograrlo dependerá de su
capacidad para asumir la historia que es necesario sanar en los vínculos familiares.
Ahora, cuando se instaura la competencia por mostrar
cuál familia de uno de los miembros de la pareja es mejor, en la relación de la
pareja se acentúa la lealtad al sistema de procedencia del miembro que se cree
mejor, más bueno, superior o de mejor estirpe y entonces, ese miembro no puede
construir su propio sistema al lado de su pareja, pues siente en lo más profundo
de su ser, que no está a la altura de lo que su sistema le exige o de lo que él
o ella siente que tiene que responder a su sistema por lealtad.
El amor ciego por nuestra familia
de origen, nos dificulta el tránsito hacia la madurez y nos impide asumir el
lugar que nos corresponde, en el sistema de procedencia y en el sistema de la
pareja.
EL PRIMER PASO: ACEPTARSE A SI
MISMO Y ENCONTRAR EL ORDEN EN EL SISTEMA FAMILIAR
Cuando cada uno de los miembros
de la pareja, puede aceptarse así mismo con la historia de su sistema familiar
de procedencia y al otro con todo su sistema, asintiendo a todo lo que es en el
sistema de ambos, con respeto, se inicia el camino de la construcción de la verdadera
PAREJA: Dos seres que se ven, se reconocen y se honran en su diversidad, ninguno
mejor que el otro, solo dos humanos en proceso de crecimiento.




No hay comentarios:
Publicar un comentario