miércoles, 20 de abril de 2016

Comprendiendo los órdenes del Amor en la familia y la pareja.

Los pilares de la relación de pareja son el amor, el dar y recibir, la sexualidad, la intimidad (o intercambio afectivo) y la convivencia.  Brigitte Champetier 





La información que encontrará a continuación hace parte de las charlas gratuitas de sensibilización que realizo con instituciones comunitarias o educativas que aportan al desarrollo de las familias en Medellín; está fundamentada en la psicología de los sistemas familiares y los ordenes del amor de Bert Hellinger, además de aportes de otros teóricos y teóricas del paradigma sistémico en psicología y en mi experiencia como psicoterapeuta.

Claves básicas para comprender la familia como un sistema y los órdenes del Amor  
  • La familia es un sistema vivo, abierto y en permanente transformación, que nos trae retos para crecer juntos en cada nueva generación.
  • Todos los seres humanos venimos a nuestra existencia a partir de la unión directa de dos personas, nuestro padre y nuestra madre biológicos; incluso en condiciones de intervención científica, es el material genético de un hombre y una mujer lo que nos posibilita la vida, por ese solo acto, estamos vinculados con los dos desde el inicio de la Vida, el regalo que de ellos recibimos.
  • En este regalo también recibimos  la información de los que estuvieron antes, padre, madre, abuelos, bisabuelos etc. y son los vínculos de amor y de lealtad a la familia, los que nos llevan a implicarnos en asuntos del pasado, que afectan nuestras relaciones presentes, sin ser conscientes de ello.
  • En el encuentro de una pareja, son sus dos sistemas familiares los que se encuentran, con toda su historia de logros, virtudes, valores y dificultades o problemáticas, y en el encuentro intentarán resolver todo aquello que en sus familias de origen no han logrado resolver por sí mismos. 
  • En el orden de conformación de la familia el primer subsistema que se crea es el de la pareja, por eso ellos dos siempre serán los primeros, luego vienen los hijos e hijas y es la pareja la que tiene la responsabilidad de acompañar y proteger a los más pequeños, ser los primeros y los mayores no es sinónimo de poder sobre el más pequeño, es un llamado a la responsabilidad con la vida que hemos pasado. Pero la pareja debe cuidar su espacio de intimidad y relación, enseñando a los hijos e hijas a respetar ese espacio.
  • En la familia todos y todas estamos vinculados por lazos de sangre, por lazos jurídicos o por vivencias que marcaron nuestras vidas de tal forma que esos lazos o vínculos nunca se pueden romper. El vínculo cuando se crea es permanente. 
  • Además de los vínculos que configuran el sistema familiar, también existen las relaciones familiares y éstas pueden ser de diferentes tonos emocionales. Puedo tener un vínculo permanente con mi padre, mi madre o mis hermanos, pero la forma en la que me relaciono con cada uno puede ser muy diferente. El vínculo no cambia, la relación sí.
  • La pareja que tuvo hijos siempre tendrá un vínculo, aunque su tipo de relación afectiva cambie, siempre serán los padres de esos hijos o hijas. La relación puede cambiar y puede ser amistosa, respetuosa o incluso agresiva y distante. Pero su condición de padres siempre los vinculará. 
  • Cuando la pareja se separa es importante que los hijos e hijas tengan claro que es el subsistema de la pareja el que se ha separado, no los padres de los hijos, esto brinda comprensión, orden y seguridad a los más pequeños, que irán aprendiendo a respetar y aceptar dicha separación, al darse cuenta en la cotidianidad que sus padres, como adultos, asumen los lugares que les corresponden, aunque luego formen nuevas parejas. 
  • Los abuelos no son los padres o madres de los nietos o nietas. Son los abuelos, ese es el orden. Cuando este orden se irrespeta suelen existir consecuencias en las relaciones familiares y en las dinámicas psíquicas internas de los más pequeños. Los abuelos pueden ser excelentes cuidadores, si ofrecer el cuidado a sus nietos, no exige que éstos nieguen el lugar que les corresponde solo a su padre y a su madre.
  • Las familias reconfiguradas, por las actuales dinámicas sociales,  tienen un reto mayor y es lograr respetar el lugar de los padres y madres de los hijos de las nuevas parejas; los tuyos, los míos y los nuestros, pueden encontrar dinámicas relacionales armónicas si el respeto por el lugar de los padres y los hermanos de da.
  • En las familias homoparentales, que se configuran por adopción por parte de los dos miembros de la familia, es fundamental respetar al padre y a la madre que dieron la vida, sin éste progenitor la nueva familia no podría existir. Cuando en la familia homoparental uno de los miembros es padre o madre biológica, el otro padre que adopta y cuida la vida del hijo o hija, está llamado a respetar al padre o madre con la cual ese hijo fue concebido, pues sin él o ella, no podría disfrutar de servir a la vida cuidando este nuevo ser. 
  • Honrar y respetar no es dejar de ver aquello que ha causado dolor y crear ilusiones de perfección que no existen. Es poder ver lo humanos que somos, con los ojos bien abiertos, aceptarlo, no gastar energía psíquica y vital en el reproche, aprender de aquello que tanto señalamos y criticamos en las otras personas, para poder hacerlo diferente, transformando aquello que dañó o nos causó dolor,  en posibilidad para el cambio presente de nuestras propias vidas.  

Tomar al Padre y a la Madre

  • El amor en orden lo aprendemos y lo reparamos con nuestros padres. Cuando nuestro amor hacia nuestro padre y nuestra madre fluye, fluye también hacia los demás.
  • Para que el hombre  y la mujer sean prósperos, es necesario primero haber tomado a los padres, tal como son, ellos son la fuente de energía psíquica y simbólica de la nutrición, la abundancia y la seguridad en el mundo socio—relacional, académico y laboral.
  • Tomar al padre y a la madre es verlos y reconocerlos tal como son, ni ángeles ni demonios, solo seres humanos aprendiendo en esta experiencia vital, según sus propias circunstancias. 
  • Cuando asumimos un lugar infantil de reproche y reclamo ante nuestros padres y a los hechos de su pasado, sobre su propia historia o en relación con nuestra crianza, perdemos energía y vitalidad para asumir los retos de nuestro presente. Cuando conocemos la historia de nuestros antepasados, la respetamos, reconociendo que del pasado, ni una coma podemos cambiar, estamos listos para honrar esta historia, tomar la vida con lo bueno y lo no tan bueno y hacerlo diferente. De esta manera, evitamos malgastar nuestra energía psíquica y vital, en reproches hacia el pasado y la invertimos en construir el presente que deseamos, con los aprendizajes y cambios que exigimos a otros, generalmente a nuestros padres, pero ahora en el lugar legítimo donde nos es posible cambiar algo,  nuestra propia vida y nuestro aquí ya hora.  

El amor ciego que nos enferma

  • El amor ciego no respeta al otro tal como es, lo quiere cambiar a imagen y semejanza de los deseos infantiles. Esto puede suceder en la pareja o en la familia. Este amor enferma, porque es un amor anclado en una expectativa, no en la realidad; por ello trae desilusión y frustración permanentes. 
  • El amor ciego le quita dignidad al otro, sea éste el padre, la madre, un hermano o la pareja, incluso los hijos. Cuando los amamos con amor ciego los consideramos incapaces de llevar su propia historia, de realizar sus propios aprendizajes, de hacerse responsables por sus propias decisiones y los tratamos como si no tuvieran la fuerza suficiente para hacerse cargo de su existencia. De esta manera los invalidamos e impedimos su propio crecimiento. 
  • El amor ciego desordena el sistema familiar, los pequeños quieren ocupar el lugar de los grandes para protegerlos y los adultos se hacen menores para ser protegidos por los más pequeños, este amor trae conflictos en las dinámicas familiares y en la vida personal de cada uno de los miembros. 
  • El amor ciego o desordenado hace que no honremos la vida, que pretendamos tomar de ella solo lo "bueno" y excluir lo "malo", de esta forma se excluyen miembros del sistema familiar o se crean secretos que impiden que el sistema aprenda de las experiencias difíciles. De esta forma, las nuevas generaciones buscan  repetir la experiencia dolorosa, conflictiva o "mala", para poder intentar resolver lo que los miembros anteriores no lograron, pues la evolución de la conciencia familiar es colectiva. 

Reconocer y respetar el orden

  • Reconocer el lugar del padre y la madre biológicos como los dadores de la vida, sin ellos la existencia de cada ser humano en el planeta no sería posible, más allá de las condiciones del encuentro, si fue un encuentro amoroso y duradero o si fue un encuentro no amoroso y que luego llevó por algún motivo a la separación o abandono. Si se tienen padres adoptivos o de crianza, padres del corazón, se reconocen todos los lugares: los padres biológicos, dieron la vida; los padres del corazón o de crianza, cuidaron la vida.
  • El padre y la madre siempre serán los grandes en el sistema familiar. Cuando los hijos-as respetan este orden y los padres asumen con responsabilidad su lugar, los pequeños siempre contarán con la fuerza psíquica y simbólica necesaria para asumir los retos y dificultades de la vida.
  • Aceptar a nuestros padres, tal como son, ni ángeles ni demonios, solo seres humanos aprendiendo en esta existencia a través de su propia historia. Eso nos hace humanos a nosotros también.
  • Darles gracias por el regalo de la vida y todo aquello que no nos pudieron dar por sus circunstancias, nos lo damos nosotros para ser felices y honrar la vida que nos dieron.
  • Mirarlos con dignidad y decirles que por favor nos permitan crecer y tomar la vida con todo, con lo bueno y lo no tan bueno, recorriendo nuestro propio camino, ni mejor ni peor que el de ellos, solo diferente, es nuestro derecho. 
En Amor, servicio y aprendizaje, 
Li. 

Informes
Liliana Arbeláez Naranjo
Psicóloga-psicoterapeuta, Consteladora Familiar 


Número de contacto: 311 742 43 33