jueves, 15 de diciembre de 2016

CONCEBIR, GESTAR Y CUIDAR LA VIDA...TAREAS IMPRESCINDIBLES E IGUAL DE IMPORTANTES.


Desde mi perspectiva y experiencia, he aprendido que el camino está en respetar a los padres y madres biológicos, pues ellos fueron los que lograron CONCEBIR LA VIDA, esa es su fuerza, la que CONCIBE en el acto sexual, que para quienes lo hemos estudiado a profundidad, es un acto de grandes implicaciones, aunque en nuestra sociedad se vea como un acto mecánico y sin Alma, solo la energía sexual es la que permite que la vida continué y es por eso que es sagrada.

En este acto, participan padre y madre, pues uno solo no puede concebir la vida sin el otro, aunque el acto de la concepción se de en completa inconsciencia.


Por otro lado, está el acto de GESTAR LA VIDA, un acto que puede ser interrumpido de manera consciente o inconsciente, por lo que permitir que la gestación llegue a feliz término es un acto de amor y para lograrlo también se requiere de una fuerza que la vida ha entregado a todas las mujeres que lograron parir un hijo/a, dando en ese momento de dar a luz, la vida por ese nuevo ser.

 Pero en nuestra realidad, constatamos día a día que muchos hombres y mujeres que tienen la fuerza de la concepción para lograr dejar pasar la vida en el acto sexual, que puede ser amoroso o no, consciente o no, no tienen la fuerza física y psíquica, para gestar y dar a luz la vida y por eso tantas experiencias de pérdidas espontaneas y abortos provocados.

Otros y otras, logran tomar la fuerza psíquica para gestar la vida y darla a luz en el parto, pero no tienen la fuerza psíquica para CUIDAR LA VIDA, seguro que por su propia historia de desamor, maltrato, violencia, miedo, inmadurez y abandono.

Los padres y madres adoptivos, independientemente de su orientación sexual, pueden tener esa fuerza psíquica del amor para CUIDAR LA VIDA, aunque no tengan la primera fuerza biológica, la que concibe y gesta la vida. 

Por eso, desde mi perspectiva, como mujer, madre y psicoterapeuta sistémica, vengo comprendiendo que la RECONCILIACIÓN entre padres y madres biológicos y adoptivos, es fundamental para los niños y niñas que han vivido éste tipo de experiencia vital, por múltiples circunstancias.

Los que cuidan la vida adoptando, no tendrían el regalo de esos hijos/as, sin la existencia de los primeros padres, los biológicos.

Cuando los padres y madres adoptivos, honran y respetan a los biológicos y viceversa, los niños y las niñas, ya no sienten que tienen que renunciar a su historia, la misma que está escrita en su ADN y en su alma familiar, para ser amados y cuidados por su padres y madres adoptivos. Así también logran ser acompañados por estos últimos, para reconocer en sus padres biológicos el acto de amor que los concibió y les permitió llegar a la vida, como un gran regalo, que los padres y madres adoptivas, de crianza o del corazón, reciben para entregar la fuerza el amor que tienen y que es la que se requiere para CUIDAR LA VIDA.

Respetando el lugar de cada uno, estos niños y niñas serán «árboles» con raíces más fuertes.... no tendrán que re-negar de su biología, la podrán tomar con todo y de esta manera podrán recibir el amor de sus padres y madres adoptivos, como un acto de amor que completa la tarea de los primeros, pero que no compite con ellos, así las tareas de concebir, gestar y cuidar la vida, son reconocidas como tareas imprescindibles para la continuidad de la vida humana en el planeta Tierra.

Esto que comparto no es una verdad absoluta ni pretende serlo, es solo el aprendizaje que la vida me ha regalado a través de mi propia historia familiar y como psicoterapeuta sistémica y consteladora familiar.

En amor, servicio y aprendizaje,
Li

lunes, 5 de diciembre de 2016

LA ENFERMEDAD, UN CAMINO DE RE-SOLUCIÓN



Todos los seres humanos formamos campos de energía a nuestro alrededor, esto sucede gracias a todos los procesos bioquímicos y electromagnéticos que ocurren en nuestro cuerpo, gracias a las cargas eléctricas de nuestro corazón y nuestro sistema nervioso. El electromagnetismo es el que permite que la información sea grabada y se transmita desde el exterior al interior y sea procesada en percepciones, para luego ser trasmitida desde el interior al exterior como mensajes, a través de la palabra escrita o hablada, el gesto, la comunicación no verbal, incluido el silencio y toda la gama de posibilidades de comunicación que la cibernética de segundo orden nos mostró y son posibles en los sistemas humanos.

Estos campos de energía o campos morfogenéticos, son el medio en el que vivimos, como el pez en el agua, los humanos vivimos inmersos en polaridades, fuerzas electromagnéticas de carga positiva y negativa, que buscan reconciliarse en una danza de atracción y repulsión. Esta fuerza que atrae a los contrarios es lo que se ha conocido en las grandes tradiciones espirituales como el Amor del Espíritu.  Este amor no es el sentimiento romántico que hemos aprendido de las novelas rosa o los cuentos de hadas, este amor es una fuerza que atrae a los “contrarios” para reconciliarlos y que los acepta tal como son. Positivo no es bueno y negativo no es malo, son solo dos cargas energéticas que coexisten y hacen parte de la vida.  

El campo morfogenético al que pertenecemos solo puede incluir y trasmitir la información que se ha generado en nuestro sistema familiar, no puede modificar nada, el campo es sólo un gran depósito de memoria ordenada que está disponible generación tras generación, la transformación sólo puede hacerla el cuerpo, como lugar donde se realizan las grandes transformaciones del alma, la alquimia del corazón consciente.



Ahora, cuando hay una trasgresión a la pertenencia de uno de los miembros en un sistema familiar, también ésta exclusión se trasmite tal como fue al campo morfogenético. Así, que se crea un mecanismo en dicho campo o alma familiar, para que los que aun pertenecen, se sienten incluidos en el sistema y tienen un cuerpo, o sea, están vivos, puedan realizar la transformación, la alquimia que llevará al sistema de nuevo al equilibrio y orden. Con dicho mecanismo psíquico, o estrategia del alma familiar, la enfermedad aparecerá para que los miembros del sistema vean el desorden, lo honren y con su conciencia lo puedan ordenar y se incluya lo excluido en su nivel de consciencia presente.

Desde esta perspectiva, sistémica y alquímica, la enfermedad se convierte en una estrategia del alma familiar para la reconciliación de las dos fuerzas “contrarias”, de las dos polaridades. La familia, como un sistema vivo, siempre buscara mantener unidos a todos los que pertenecen, generación tras generación y cuando este equilibrio se rompe, porque algún miembro de la familia cree que tiene el derecho de excluir a otro, el sistema familiar, el campo morfogenético, o el Alma familiar, que es un nivel de conciencia mayor que el individual, buscará crear una estrategia de inclusión de lo que ha sido excluido, estas estrategias buscan restablecer el equilibrio y para ello la información que existe en el campo sobre la exclusión, buscará el cuerpo de un miembro de las nuevas generaciones, que por amor inconsciente a su sistema familiar, aceptará representar (volver a presentar) lo excluido, haciendo en su cuerpo una metáfora que se llamará enfermedad.  

Así, la enfermedad es una forma de materializar el desprecio y poner a la vista de todos los miembros de la familia lo que fue excluido, a través de otro miembro de la familia.  Por tal motivo, sanar la enfermedad es decirle al Alma familiar, inconsciente familiar o campo morfogenético familiar:


“Si a todos y todas como son, sí a los buenos y a los malos, si a su vida como fue, como es, si a sus conflictos, si a la enfermedad como ha sido en nuestra familia y como es ahora, ella es nuestra forma de sanarnos colectivamente.”

Por otro lado, si el enfermo o portador de la información de exclusión, deja de ser un enfermo/a través del proceso de ampliar su conciencia y honra a sus ancestros y sus historias, ubicándose en el lugar que le corresponde e incluyendo a todos y todas en su corazón, dejará de ser un enfermo/a y pasará a ser el canal que en el sistema puede transformar la exclusión en inclusión y compensar o sanar el sistema.

El cuerpo humano, como sistema biológico, es la interface entre el inconsciente familiar y el inconsciente personal, cómo se organiza el cuerpo de cada ser humano, es el reflejo de cómo vivencia la organización de su sistema familiar. Lo que proyecte en su cuerpo, será la metáfora de aquello que hay como información en su sistema familiar, campo morfogenético o alma familiar. Así que lo que nos pasa en el cuerpo no sólo es resultado de los procesos biológicos, es resultado de los procesos relacionales en la familia y claro que, si analizamos más allá, será también el cuerpo territorio donde se simboliza aquello del sistema social y cultural del que nuestro sistema familiar hace parte.


El cuerpo es el escenario donde los personajes antagónicos de nuestra historia familiar (los buenos y los malos, los deseables y los indeseables) los contrarios, se reconcilian; donde se resuelve (volver a solver, volver a encontrar solución a un problema). En él aparece los esfuerzos del sistema por reordenarse, cada síntoma es señal de una relación no resuelta. Nuestro cuerpo es el teatro de las dinámicas sistémicas en las que estamos vinculados.

La enfermedad comprendida desde esta perspectiva, es una compensación ciega o inconsciente al sistema familiar que se hace por amor, igualmente ciego;  solo quien tiene el valor para ver de frente la exclusión, honrar la historia de sus ancestros tal como fue y acepta el mensaje de incluir lo excluido, puede vivir la “enfermedad” como un proceso de sanación, como un camino hacia más vida, no solo para él, si no y sobre todo para su sistema familiar y para los descendientes de las nuevas generaciones.

Por ello, es el corazón consiente, de quien se hace portador de este tipo de mensajes, que llamamos enfermedad, quien aprende a amar con los ojos abiertos, quien puede trasmutar o transformar la información de exclusión que hay en el campo morfogenético o alma familiar en inclusión, para que esta información pueda ser trasmitida nuevamente al campo morfogenético o alma.

En Amor, servicio y aprendizaje,

Li

jueves, 1 de diciembre de 2016

Estar disponible para la vida en pareja

La pareja: dos sistemas



Cuando se une una pareja, no solo se están uniendo dos personas, sino que se están uniendo sus dos sistemas familiares. Cuando dos personas se vinculan en relación de pareja, son muchos seres en realidad los que se están vinculando. Las reglas aprendidas en el seno familiar y las formas de relacionarse, de expresar el amor, las historias, los mitos, las narrativas, alegrías y tristezas, que hemos aprendido en el núcleo de la familia, van a ir conformando nuestro estilo afectivo, estilo que nos guiará en nuestras elecciones afectivas en la vida de adultos, de forma predominantemente inconsciente. Es por esto que tendemos a repetir relaciones con cierto tipo de personas o construir cierto tipo de situaciones al interior de la dinámica relacional de la pareja.

COMPARTIMOS DOLOR Y HERIDAS



Las experiencias que vivenciamos como heridas en la infancia y que forman parte de cualquier vínculo y de cualquier relación de intimidad, encontrarán en la relación de pareja una nueva oportunidad para ser actualizadas y sanadas, este re-vivir las heridas, es una nueva oportunidad de aprender a amar en orden.

Cuando los estilos afectivos que aprendimos en nuestro sistema familiar son resignificados y luego llegamos a la relación de pareja, es posible que en la diversidad los dos estilos, transformados, se complementen y resuenen en el amor y en orden, así la pareja se desatasca de los asuntos familiares y puede avanzar. Cuando sucede lo contrario, la resonancia en la pareja es en el amor en desorden, o amor ciego, desde el miedo y la dependencia. La pareja que está en este campo de resonancia con sus asuntos familiares no resueltos, no logra el mínimo de bienestar para continuar creciendo juntos y vienen los círculos viciosos de malos tratos, el dolor y violencia en todos los niveles, hasta que finalmente se da la ruptura. Y cada miembro de la pareja, se va pensando que con otra pareja si será feliz, sin darse cuenta que cada nueva pareja se constituirá en la oportunidad de la vida para aprender a construir un vínculo amoroso en orden y seguro para el crecimiento y que lograrlo dependerá de su capacidad para asumir la historia que es necesario sanar en los vínculos familiares.

Ahora,  cuando se instaura la competencia por mostrar cuál familia de uno de los miembros de la pareja es mejor, en la relación de la pareja se acentúa la lealtad al sistema de procedencia del miembro que se cree mejor, más bueno, superior o de mejor estirpe y entonces, ese miembro no puede construir su propio sistema al lado de su pareja, pues siente en lo más profundo de su ser, que no está a la altura de lo que su sistema le exige o de lo que él o ella siente que tiene que responder a su sistema por lealtad.

El amor ciego por nuestra familia de origen, nos dificulta el tránsito hacia la madurez y nos impide asumir el lugar que nos corresponde, en el sistema de procedencia y en el sistema de la pareja.

EL PRIMER PASO: ACEPTARSE A SI MISMO Y ENCONTRAR EL ORDEN EN EL SISTEMA FAMILIAR



Cuando cada uno de los miembros de la pareja, puede aceptarse así mismo con la historia de su sistema familiar de procedencia y al otro con todo su sistema, asintiendo a todo lo que es en el sistema de ambos, con respeto, se inicia el camino de la construcción de la verdadera PAREJA: Dos seres que se ven, se reconocen y se honran en su diversidad, ninguno mejor que el otro, solo dos humanos en proceso de crecimiento.