sábado, 31 de diciembre de 2016
jueves, 15 de diciembre de 2016
CONCEBIR, GESTAR Y CUIDAR LA VIDA...TAREAS IMPRESCINDIBLES E IGUAL DE IMPORTANTES.
Desde mi
perspectiva y experiencia, he aprendido que el camino está en respetar a los
padres y madres biológicos, pues ellos fueron los que lograron CONCEBIR LA
VIDA, esa es su fuerza, la que CONCIBE en el acto sexual, que para quienes lo
hemos estudiado a profundidad, es un acto de grandes implicaciones, aunque en
nuestra sociedad se vea como un acto mecánico y sin Alma, solo la energía
sexual es la que permite que la vida continué y es por eso que es sagrada.
En este
acto, participan padre y madre, pues uno solo no puede concebir la vida sin el
otro, aunque el acto de la concepción se de en completa inconsciencia.
Por otro
lado, está el acto de GESTAR LA VIDA, un acto que puede ser interrumpido de
manera consciente o inconsciente, por lo que permitir que la gestación llegue a
feliz término es un acto de amor y para lograrlo también se requiere de una
fuerza que la vida ha entregado a todas las mujeres que lograron parir un
hijo/a, dando en ese momento de dar a luz, la vida por ese nuevo ser.
Pero en
nuestra realidad, constatamos día a día que muchos hombres y mujeres que tienen
la fuerza de la concepción para lograr dejar pasar la vida en el acto sexual,
que puede ser amoroso o no, consciente o no, no tienen la fuerza física y psíquica,
para gestar y dar a luz la vida y por eso tantas experiencias de pérdidas
espontaneas y abortos provocados.
Otros y
otras, logran tomar la fuerza psíquica para gestar la vida y darla a luz en el
parto, pero no tienen la fuerza psíquica para CUIDAR LA VIDA, seguro que por su
propia historia de desamor, maltrato, violencia, miedo, inmadurez y abandono.
Los
padres y madres adoptivos, independientemente de su orientación sexual, pueden
tener esa fuerza psíquica del amor para CUIDAR LA VIDA, aunque no tengan la
primera fuerza biológica, la que concibe y gesta la vida.
Por eso,
desde mi perspectiva, como mujer, madre y psicoterapeuta sistémica, vengo
comprendiendo que la RECONCILIACIÓN entre padres y madres biológicos y
adoptivos, es fundamental para los niños y niñas que han vivido éste tipo de
experiencia vital, por múltiples circunstancias.
Los que cuidan
la vida adoptando, no tendrían el regalo de esos hijos/as, sin la existencia de
los primeros padres, los biológicos.
Cuando
los padres y madres adoptivos, honran y respetan a los biológicos y viceversa,
los niños y las niñas, ya no sienten que tienen que renunciar a su historia, la
misma que está escrita en su ADN y en su alma familiar, para ser amados y
cuidados por su padres y madres adoptivos. Así también logran ser acompañados
por estos últimos, para reconocer en sus padres biológicos el acto de amor que
los concibió y les permitió llegar a la vida, como un gran regalo, que los
padres y madres adoptivas, de crianza o del corazón, reciben para entregar la
fuerza el amor que tienen y que es la que se requiere para CUIDAR LA VIDA.
Respetando
el lugar de cada uno, estos niños y niñas serán «árboles» con raíces más
fuertes.... no tendrán que re-negar de su biología, la podrán tomar con todo y
de esta manera podrán recibir el amor de sus padres y madres adoptivos, como un
acto de amor que completa la tarea de los primeros, pero que no compite con
ellos, así las tareas de concebir, gestar y cuidar la vida, son
reconocidas como tareas imprescindibles para la continuidad de la vida humana
en el planeta Tierra.
Esto que
comparto no es una verdad absoluta ni pretende serlo, es solo el aprendizaje
que la vida me ha regalado a través de mi propia historia familiar y como
psicoterapeuta sistémica y consteladora familiar.
En amor,
servicio y aprendizaje,
Li
lunes, 5 de diciembre de 2016
LA ENFERMEDAD, UN CAMINO DE RE-SOLUCIÓN
Todos los
seres humanos formamos campos de energía a nuestro alrededor, esto sucede
gracias a todos los procesos bioquímicos y electromagnéticos que ocurren en
nuestro cuerpo, gracias a las cargas eléctricas de nuestro corazón y nuestro
sistema nervioso. El electromagnetismo es el que permite que la información sea
grabada y se transmita desde el exterior al interior y sea procesada en
percepciones, para luego ser trasmitida desde el interior al exterior como
mensajes, a través de la palabra escrita o hablada, el gesto, la comunicación
no verbal, incluido el silencio y toda la gama de posibilidades de comunicación
que la cibernética de segundo orden nos mostró y son posibles en los sistemas
humanos.
Estos
campos de energía o campos morfogenéticos, son el medio en el que vivimos, como
el pez en el agua, los humanos vivimos inmersos en polaridades, fuerzas electromagnéticas
de carga positiva y negativa, que buscan reconciliarse en una danza de
atracción y repulsión. Esta fuerza que atrae a los contrarios es lo que se ha
conocido en las grandes tradiciones espirituales como el Amor del Espíritu. Este
amor no es el sentimiento romántico que hemos aprendido de las novelas rosa o
los cuentos de hadas, este amor es una fuerza que atrae a los “contrarios” para
reconciliarlos y que los acepta tal como son. Positivo no es bueno y negativo
no es malo, son solo dos cargas energéticas que coexisten y hacen parte de la
vida.
El campo
morfogenético al que pertenecemos solo puede incluir y trasmitir la información que se ha generado en nuestro
sistema familiar, no puede modificar nada, el campo es sólo un gran depósito
de memoria ordenada que está disponible generación tras generación, la
transformación sólo puede hacerla el cuerpo, como lugar donde se realizan las grandes
transformaciones del alma, la alquimia del corazón consciente.
Ahora, cuando
hay una trasgresión a la pertenencia de uno de los miembros en un sistema
familiar, también ésta exclusión se trasmite tal como fue al campo
morfogenético. Así, que se crea un mecanismo en dicho campo o alma familiar, para
que los que aun pertenecen, se sienten incluidos en el sistema y tienen un
cuerpo, o sea, están vivos, puedan realizar la transformación, la alquimia que
llevará al sistema de nuevo al equilibrio y orden. Con dicho mecanismo psíquico,
o estrategia del alma familiar, la enfermedad aparecerá para que los miembros
del sistema vean el desorden, lo honren y con su conciencia lo puedan ordenar y
se incluya lo excluido en su nivel de consciencia presente.
Desde esta
perspectiva, sistémica y alquímica, la enfermedad se convierte en una estrategia
del alma familiar para la reconciliación de las dos fuerzas “contrarias”, de
las dos polaridades. La familia, como un sistema vivo, siempre buscara mantener
unidos a todos los que pertenecen, generación tras generación y cuando este equilibrio
se rompe, porque algún miembro de la familia cree que tiene el derecho de
excluir a otro, el sistema familiar, el campo morfogenético, o el Alma
familiar, que es un nivel de conciencia mayor que el individual, buscará crear
una estrategia de inclusión de lo que ha sido excluido, estas estrategias
buscan restablecer el equilibrio y para ello la información que existe en el
campo sobre la exclusión, buscará el cuerpo de un miembro de las nuevas
generaciones, que por amor inconsciente a su sistema familiar, aceptará
representar (volver a presentar) lo excluido, haciendo en su cuerpo una metáfora
que se llamará enfermedad.
Así, la
enfermedad es una forma de materializar el desprecio y poner a la vista de
todos los miembros de la familia lo que fue excluido, a través de otro miembro
de la familia. Por tal motivo, sanar la
enfermedad es decirle al Alma familiar, inconsciente familiar o campo
morfogenético familiar:
“Si a todos
y todas como son, sí a los buenos y a los malos, si a su vida como fue, como es,
si a sus conflictos, si a la enfermedad como ha sido en nuestra familia y como es
ahora, ella es nuestra forma de sanarnos colectivamente.”
Por otro
lado, si el enfermo o portador de la información de exclusión, deja de ser un
enfermo/a través del proceso de ampliar su conciencia y honra a sus ancestros y
sus historias, ubicándose en el lugar que le corresponde e incluyendo a todos y
todas en su corazón, dejará de ser un enfermo/a y pasará a ser el canal
que en el sistema puede transformar la exclusión en inclusión y compensar o
sanar el sistema.
El cuerpo
humano, como sistema biológico, es la interface entre el inconsciente familiar
y el inconsciente personal, cómo se organiza el cuerpo de cada ser humano, es
el reflejo de cómo vivencia la organización de su sistema familiar. Lo que
proyecte en su cuerpo, será la metáfora de aquello que hay como información en
su sistema familiar, campo morfogenético o alma familiar. Así que lo que nos
pasa en el cuerpo no sólo es resultado de los procesos biológicos, es resultado
de los procesos relacionales en la familia y claro que, si analizamos más allá,
será también el cuerpo territorio donde se simboliza aquello del sistema social
y cultural del que nuestro sistema familiar hace parte.
El cuerpo
es el escenario donde los personajes antagónicos de nuestra historia familiar
(los buenos y los malos, los deseables y los indeseables) los contrarios, se reconcilian;
donde se resuelve (volver a solver, volver a encontrar solución a un problema).
En él aparece los esfuerzos del sistema por reordenarse, cada síntoma es señal
de una relación no resuelta. Nuestro cuerpo es el teatro de las dinámicas
sistémicas en las que estamos vinculados.
La
enfermedad comprendida desde esta perspectiva, es una compensación ciega o inconsciente
al sistema familiar que se hace por amor, igualmente ciego; solo quien tiene el valor para ver de frente
la exclusión, honrar la historia de sus ancestros tal como fue y acepta el
mensaje de incluir lo excluido, puede vivir la “enfermedad” como un proceso de
sanación, como un camino hacia más vida, no solo para él, si no y sobre todo para
su sistema familiar y para los descendientes de las nuevas generaciones.
Por ello, es el corazón consiente, de quien se hace portador de este tipo de
mensajes, que llamamos enfermedad, quien aprende a amar con los ojos abiertos, quien puede trasmutar o transformar
la
información de exclusión que hay en el campo morfogenético o alma familiar en inclusión,
para que esta información pueda ser trasmitida nuevamente al campo
morfogenético o alma.
En Amor, servicio y aprendizaje,
Li
jueves, 1 de diciembre de 2016
Estar disponible para la vida en pareja
La
pareja: dos sistemas
Cuando se une una pareja, no solo
se están uniendo dos personas, sino que se están uniendo sus dos sistemas
familiares. Cuando dos personas se vinculan en relación de pareja, son muchos seres
en realidad los que se están vinculando. Las reglas aprendidas en el seno
familiar y las formas de relacionarse, de expresar el amor, las historias, los
mitos, las narrativas, alegrías y tristezas, que hemos aprendido en el núcleo de la familia, van a ir conformando nuestro estilo afectivo, estilo que nos guiará
en nuestras elecciones afectivas en la vida de adultos, de forma predominantemente
inconsciente. Es por esto que tendemos a repetir relaciones con cierto tipo de
personas o construir cierto tipo de situaciones al interior de la dinámica
relacional de la pareja.
COMPARTIMOS DOLOR Y HERIDAS
Las experiencias que vivenciamos
como heridas en la infancia y que forman parte de cualquier vínculo y de
cualquier relación de intimidad, encontrarán en la relación de pareja una nueva
oportunidad para ser actualizadas y sanadas, este re-vivir las heridas, es una
nueva oportunidad de aprender a amar en orden.
Cuando los estilos afectivos que
aprendimos en nuestro sistema familiar son resignificados y luego llegamos a la relación
de pareja, es posible que en la diversidad los dos estilos, transformados, se complementen y resuenen en el
amor y en orden, así la pareja se desatasca de los asuntos familiares y puede avanzar.
Cuando sucede lo contrario, la resonancia en la pareja es en el amor en
desorden, o amor ciego, desde el miedo y la dependencia. La pareja que está en
este campo de resonancia con sus asuntos familiares no resueltos, no logra el
mínimo de bienestar para continuar creciendo juntos y vienen los círculos viciosos
de malos tratos, el dolor y violencia en todos los niveles, hasta que
finalmente se da la ruptura. Y cada miembro de la pareja, se va pensando que
con otra pareja si será feliz, sin darse cuenta que cada nueva pareja se
constituirá en la oportunidad de la vida para aprender a construir un vínculo
amoroso en orden y seguro para el crecimiento y que lograrlo dependerá de su
capacidad para asumir la historia que es necesario sanar en los vínculos familiares.
Ahora, cuando se instaura la competencia por mostrar
cuál familia de uno de los miembros de la pareja es mejor, en la relación de la
pareja se acentúa la lealtad al sistema de procedencia del miembro que se cree
mejor, más bueno, superior o de mejor estirpe y entonces, ese miembro no puede
construir su propio sistema al lado de su pareja, pues siente en lo más profundo
de su ser, que no está a la altura de lo que su sistema le exige o de lo que él
o ella siente que tiene que responder a su sistema por lealtad.
El amor ciego por nuestra familia
de origen, nos dificulta el tránsito hacia la madurez y nos impide asumir el
lugar que nos corresponde, en el sistema de procedencia y en el sistema de la
pareja.
EL PRIMER PASO: ACEPTARSE A SI
MISMO Y ENCONTRAR EL ORDEN EN EL SISTEMA FAMILIAR
Cuando cada uno de los miembros
de la pareja, puede aceptarse así mismo con la historia de su sistema familiar
de procedencia y al otro con todo su sistema, asintiendo a todo lo que es en el
sistema de ambos, con respeto, se inicia el camino de la construcción de la verdadera
PAREJA: Dos seres que se ven, se reconocen y se honran en su diversidad, ninguno
mejor que el otro, solo dos humanos en proceso de crecimiento.
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