lunes, 5 de diciembre de 2016

LA ENFERMEDAD, UN CAMINO DE RE-SOLUCIÓN



Todos los seres humanos formamos campos de energía a nuestro alrededor, esto sucede gracias a todos los procesos bioquímicos y electromagnéticos que ocurren en nuestro cuerpo, gracias a las cargas eléctricas de nuestro corazón y nuestro sistema nervioso. El electromagnetismo es el que permite que la información sea grabada y se transmita desde el exterior al interior y sea procesada en percepciones, para luego ser trasmitida desde el interior al exterior como mensajes, a través de la palabra escrita o hablada, el gesto, la comunicación no verbal, incluido el silencio y toda la gama de posibilidades de comunicación que la cibernética de segundo orden nos mostró y son posibles en los sistemas humanos.

Estos campos de energía o campos morfogenéticos, son el medio en el que vivimos, como el pez en el agua, los humanos vivimos inmersos en polaridades, fuerzas electromagnéticas de carga positiva y negativa, que buscan reconciliarse en una danza de atracción y repulsión. Esta fuerza que atrae a los contrarios es lo que se ha conocido en las grandes tradiciones espirituales como el Amor del Espíritu.  Este amor no es el sentimiento romántico que hemos aprendido de las novelas rosa o los cuentos de hadas, este amor es una fuerza que atrae a los “contrarios” para reconciliarlos y que los acepta tal como son. Positivo no es bueno y negativo no es malo, son solo dos cargas energéticas que coexisten y hacen parte de la vida.  

El campo morfogenético al que pertenecemos solo puede incluir y trasmitir la información que se ha generado en nuestro sistema familiar, no puede modificar nada, el campo es sólo un gran depósito de memoria ordenada que está disponible generación tras generación, la transformación sólo puede hacerla el cuerpo, como lugar donde se realizan las grandes transformaciones del alma, la alquimia del corazón consciente.



Ahora, cuando hay una trasgresión a la pertenencia de uno de los miembros en un sistema familiar, también ésta exclusión se trasmite tal como fue al campo morfogenético. Así, que se crea un mecanismo en dicho campo o alma familiar, para que los que aun pertenecen, se sienten incluidos en el sistema y tienen un cuerpo, o sea, están vivos, puedan realizar la transformación, la alquimia que llevará al sistema de nuevo al equilibrio y orden. Con dicho mecanismo psíquico, o estrategia del alma familiar, la enfermedad aparecerá para que los miembros del sistema vean el desorden, lo honren y con su conciencia lo puedan ordenar y se incluya lo excluido en su nivel de consciencia presente.

Desde esta perspectiva, sistémica y alquímica, la enfermedad se convierte en una estrategia del alma familiar para la reconciliación de las dos fuerzas “contrarias”, de las dos polaridades. La familia, como un sistema vivo, siempre buscara mantener unidos a todos los que pertenecen, generación tras generación y cuando este equilibrio se rompe, porque algún miembro de la familia cree que tiene el derecho de excluir a otro, el sistema familiar, el campo morfogenético, o el Alma familiar, que es un nivel de conciencia mayor que el individual, buscará crear una estrategia de inclusión de lo que ha sido excluido, estas estrategias buscan restablecer el equilibrio y para ello la información que existe en el campo sobre la exclusión, buscará el cuerpo de un miembro de las nuevas generaciones, que por amor inconsciente a su sistema familiar, aceptará representar (volver a presentar) lo excluido, haciendo en su cuerpo una metáfora que se llamará enfermedad.  

Así, la enfermedad es una forma de materializar el desprecio y poner a la vista de todos los miembros de la familia lo que fue excluido, a través de otro miembro de la familia.  Por tal motivo, sanar la enfermedad es decirle al Alma familiar, inconsciente familiar o campo morfogenético familiar:


“Si a todos y todas como son, sí a los buenos y a los malos, si a su vida como fue, como es, si a sus conflictos, si a la enfermedad como ha sido en nuestra familia y como es ahora, ella es nuestra forma de sanarnos colectivamente.”

Por otro lado, si el enfermo o portador de la información de exclusión, deja de ser un enfermo/a través del proceso de ampliar su conciencia y honra a sus ancestros y sus historias, ubicándose en el lugar que le corresponde e incluyendo a todos y todas en su corazón, dejará de ser un enfermo/a y pasará a ser el canal que en el sistema puede transformar la exclusión en inclusión y compensar o sanar el sistema.

El cuerpo humano, como sistema biológico, es la interface entre el inconsciente familiar y el inconsciente personal, cómo se organiza el cuerpo de cada ser humano, es el reflejo de cómo vivencia la organización de su sistema familiar. Lo que proyecte en su cuerpo, será la metáfora de aquello que hay como información en su sistema familiar, campo morfogenético o alma familiar. Así que lo que nos pasa en el cuerpo no sólo es resultado de los procesos biológicos, es resultado de los procesos relacionales en la familia y claro que, si analizamos más allá, será también el cuerpo territorio donde se simboliza aquello del sistema social y cultural del que nuestro sistema familiar hace parte.


El cuerpo es el escenario donde los personajes antagónicos de nuestra historia familiar (los buenos y los malos, los deseables y los indeseables) los contrarios, se reconcilian; donde se resuelve (volver a solver, volver a encontrar solución a un problema). En él aparece los esfuerzos del sistema por reordenarse, cada síntoma es señal de una relación no resuelta. Nuestro cuerpo es el teatro de las dinámicas sistémicas en las que estamos vinculados.

La enfermedad comprendida desde esta perspectiva, es una compensación ciega o inconsciente al sistema familiar que se hace por amor, igualmente ciego;  solo quien tiene el valor para ver de frente la exclusión, honrar la historia de sus ancestros tal como fue y acepta el mensaje de incluir lo excluido, puede vivir la “enfermedad” como un proceso de sanación, como un camino hacia más vida, no solo para él, si no y sobre todo para su sistema familiar y para los descendientes de las nuevas generaciones.

Por ello, es el corazón consiente, de quien se hace portador de este tipo de mensajes, que llamamos enfermedad, quien aprende a amar con los ojos abiertos, quien puede trasmutar o transformar la información de exclusión que hay en el campo morfogenético o alma familiar en inclusión, para que esta información pueda ser trasmitida nuevamente al campo morfogenético o alma.

En Amor, servicio y aprendizaje,

Li

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