Todos los
seres humanos formamos campos de energía a nuestro alrededor, esto sucede
gracias a todos los procesos bioquímicos y electromagnéticos que ocurren en
nuestro cuerpo, gracias a las cargas eléctricas de nuestro corazón y nuestro
sistema nervioso. El electromagnetismo es el que permite que la información sea
grabada y se transmita desde el exterior al interior y sea procesada en
percepciones, para luego ser trasmitida desde el interior al exterior como
mensajes, a través de la palabra escrita o hablada, el gesto, la comunicación
no verbal, incluido el silencio y toda la gama de posibilidades de comunicación
que la cibernética de segundo orden nos mostró y son posibles en los sistemas
humanos.
Estos
campos de energía o campos morfogenéticos, son el medio en el que vivimos, como
el pez en el agua, los humanos vivimos inmersos en polaridades, fuerzas electromagnéticas
de carga positiva y negativa, que buscan reconciliarse en una danza de
atracción y repulsión. Esta fuerza que atrae a los contrarios es lo que se ha
conocido en las grandes tradiciones espirituales como el Amor del Espíritu. Este
amor no es el sentimiento romántico que hemos aprendido de las novelas rosa o
los cuentos de hadas, este amor es una fuerza que atrae a los “contrarios” para
reconciliarlos y que los acepta tal como son. Positivo no es bueno y negativo
no es malo, son solo dos cargas energéticas que coexisten y hacen parte de la
vida.
El campo
morfogenético al que pertenecemos solo puede incluir y trasmitir la información que se ha generado en nuestro
sistema familiar, no puede modificar nada, el campo es sólo un gran depósito
de memoria ordenada que está disponible generación tras generación, la
transformación sólo puede hacerla el cuerpo, como lugar donde se realizan las grandes
transformaciones del alma, la alquimia del corazón consciente.
Ahora, cuando
hay una trasgresión a la pertenencia de uno de los miembros en un sistema
familiar, también ésta exclusión se trasmite tal como fue al campo
morfogenético. Así, que se crea un mecanismo en dicho campo o alma familiar, para
que los que aun pertenecen, se sienten incluidos en el sistema y tienen un
cuerpo, o sea, están vivos, puedan realizar la transformación, la alquimia que
llevará al sistema de nuevo al equilibrio y orden. Con dicho mecanismo psíquico,
o estrategia del alma familiar, la enfermedad aparecerá para que los miembros
del sistema vean el desorden, lo honren y con su conciencia lo puedan ordenar y
se incluya lo excluido en su nivel de consciencia presente.
Desde esta
perspectiva, sistémica y alquímica, la enfermedad se convierte en una estrategia
del alma familiar para la reconciliación de las dos fuerzas “contrarias”, de
las dos polaridades. La familia, como un sistema vivo, siempre buscara mantener
unidos a todos los que pertenecen, generación tras generación y cuando este equilibrio
se rompe, porque algún miembro de la familia cree que tiene el derecho de
excluir a otro, el sistema familiar, el campo morfogenético, o el Alma
familiar, que es un nivel de conciencia mayor que el individual, buscará crear
una estrategia de inclusión de lo que ha sido excluido, estas estrategias
buscan restablecer el equilibrio y para ello la información que existe en el
campo sobre la exclusión, buscará el cuerpo de un miembro de las nuevas
generaciones, que por amor inconsciente a su sistema familiar, aceptará
representar (volver a presentar) lo excluido, haciendo en su cuerpo una metáfora
que se llamará enfermedad.
Así, la
enfermedad es una forma de materializar el desprecio y poner a la vista de
todos los miembros de la familia lo que fue excluido, a través de otro miembro
de la familia. Por tal motivo, sanar la
enfermedad es decirle al Alma familiar, inconsciente familiar o campo
morfogenético familiar:
“Si a todos
y todas como son, sí a los buenos y a los malos, si a su vida como fue, como es,
si a sus conflictos, si a la enfermedad como ha sido en nuestra familia y como es
ahora, ella es nuestra forma de sanarnos colectivamente.”
Por otro
lado, si el enfermo o portador de la información de exclusión, deja de ser un
enfermo/a través del proceso de ampliar su conciencia y honra a sus ancestros y
sus historias, ubicándose en el lugar que le corresponde e incluyendo a todos y
todas en su corazón, dejará de ser un enfermo/a y pasará a ser el canal
que en el sistema puede transformar la exclusión en inclusión y compensar o
sanar el sistema.
El cuerpo
humano, como sistema biológico, es la interface entre el inconsciente familiar
y el inconsciente personal, cómo se organiza el cuerpo de cada ser humano, es
el reflejo de cómo vivencia la organización de su sistema familiar. Lo que
proyecte en su cuerpo, será la metáfora de aquello que hay como información en
su sistema familiar, campo morfogenético o alma familiar. Así que lo que nos
pasa en el cuerpo no sólo es resultado de los procesos biológicos, es resultado
de los procesos relacionales en la familia y claro que, si analizamos más allá,
será también el cuerpo territorio donde se simboliza aquello del sistema social
y cultural del que nuestro sistema familiar hace parte.
El cuerpo
es el escenario donde los personajes antagónicos de nuestra historia familiar
(los buenos y los malos, los deseables y los indeseables) los contrarios, se reconcilian;
donde se resuelve (volver a solver, volver a encontrar solución a un problema).
En él aparece los esfuerzos del sistema por reordenarse, cada síntoma es señal
de una relación no resuelta. Nuestro cuerpo es el teatro de las dinámicas
sistémicas en las que estamos vinculados.
La
enfermedad comprendida desde esta perspectiva, es una compensación ciega o inconsciente
al sistema familiar que se hace por amor, igualmente ciego; solo quien tiene el valor para ver de frente
la exclusión, honrar la historia de sus ancestros tal como fue y acepta el
mensaje de incluir lo excluido, puede vivir la “enfermedad” como un proceso de
sanación, como un camino hacia más vida, no solo para él, si no y sobre todo para
su sistema familiar y para los descendientes de las nuevas generaciones.
Por ello, es el corazón consiente, de quien se hace portador de este tipo de
mensajes, que llamamos enfermedad, quien aprende a amar con los ojos abiertos, quien puede trasmutar o transformar
la
información de exclusión que hay en el campo morfogenético o alma familiar en inclusión,
para que esta información pueda ser trasmitida nuevamente al campo
morfogenético o alma.
En Amor, servicio y aprendizaje,
Li





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