Hoy es el tercer encuentro de Familias en reconciliación con la vida
en el CESCE, una institución para el Trabajo y el Desarrollo Humano, en mi
ciudad Medellín y que me ha invitado para llevar los aprendizajes sobre los
órdenes del amor a su comunidad educativa, desde el programa de bienestar
estudiantil y CESDE social.
Allí acompaño, a un grupo de
familiares de los muchachos y muchachas que están en su proceso de formación,
en la reflexión sobre los órdenes del amor en los sistemas familiares. Este es
un encuentro psicopedagógico que busca que quienes participan, comprendan la
importancia de estos órdenes en la vida de todo ser humano y de las familias,
de tal manera, que desde el aprendizaje significativo y vivencial, se puedan
abordar y transformar con mayores recursos internos, los desórdenes de los que participamos, consciente
o inconscientemente, en nuestras relaciones familiares y de pareja.
Durante estos encuentros hemos
reflexionado sobre una de las frases más reconocidas de Bert Helliger: “El
orden viene primero, luego el amor” y las consecuencias que tiene la falta de
comprensión e integración de este principio en nuestra vida anímica y relacional.
Reconocer que lo primero que los
padres dan a los hijos es la vida y esa vida, nos llega a través de un acto
sexual, es a través del encuentro sexual de nuestros padres que la vida nos
recibe, por esto la importancia del respeto por la sexualidad, más allá de los
moralismos, es esta energía vital y el encuentro entre dos seres diferentes: Hombre
y Mujer, que permite la existencia de nuestra especie en el planeta. Con este
acto de tan profunda realización los padres nos
dan todo lo que tienen en el momento de su encuentro, que pudo durar
muchos años o solo una noche, no importa
cuánto duro o la calidad afectiva del encuentro, si fue en medio del romance o
incluso de la agresión, la única verdad que no podemos cuestionar es que fue en
ese encuentro donde la vida se encarnó para darnos paso a nosotr@s. Y es con
esta verdad que estamos llamados a reconciliarnos.
Este es el principio de la vida
en nosotros los humanos y la transgresión que hace el ego de este principio
genera el desorden, el conflicto, la discordia interna y externa, que puede llegar a manifestarse como distintas
dificultades, problemas o incluso patologías psíquicas y físicas. Esto a nivel
individual nos invita a darle un lugar en el corazón a todos aquellos que hacen
parte de la familia, pues cuando se excluye a uno de los padres o a un miembro
de la familia, por las razones que fueran, el sistema familiar pierde su
equilibrio y recurre a mecanismos de compensación que a veces solo crean más
desorden, más problemas.
Por ello la conducta del sistema familiar o de sus miembros no puede
comprenderse como conductas aisladas o como suma de conductas, pues todas las
conductas de la familia, componen un todo cualitativamente distinto, que crea
su propio lenguaje, su propia forma de nombrar el desorden a través de las
problemáticas que los miembros vivencian.
Finalmente hemos reflexionado en estos encuentros sobre la comunicación
en la familia, pues no es posible NO COMUNICAR. En el sistema familiar, todo
comportamiento, incluido el silencio, tiene un valor de mensaje para los otros
miembros y es importante darle un lugar a las formas particulares de
comunicación en nuestras relaciones, pues de la forma en que nos comuniquemos,
dependerá también las formas de intercambio entre el dar y el recibir, no solo
palabras, si no formas infinitas de dar y recibir afecto, gestos, silencios,
etc.!!!
Mi gratitud a la comunidad del CESDE y a quienes han permitido que estos
saberes sobre las relaciones humanas, los órdenes del amor y los sistemas familiares
lleguen a más personas, como una apuesta para construir paz en el interior de
las familias y potenciar los proyectos vitales de los más pequeños, en la compañía
amorosa y ordenada de los mayores.
Estos encuentros en diferentes instituciones y organizaciones comunitarias, como el CESDE, Colegio San Ignacio, la Corporación Casa Mía, un grupo de parejas en el barrio Aures, entre otros que inician el proceso de acompañamiento, hacen parte de la campaña, que como psicóloga sistémica realizo, en mi compromiso misional de compartir y construir saberes que aporten: a la realización del ser humano en su plenitud y a la sanación de las relaciones y de los sistemas familiares; y de esta forma contribuir en la construcción de una ciudad, donde se transforme la exclusión por la inclusión en el respeto por la diversidad y desde allí logremos transgeneracionalmente, la construcción de la tan anhelada paz.
En amor, servicio y aprendizaje
Li.



