La familia es un sistema vivo, abierto y en permanente
transformación, que nos trae retos para crecer juntos en cada nueva generación.
Todos los seres humanos venimos a nuestra existencia a partir de la
unión directa de dos personas, nuestro padre y nuestra madre biológicos; incluso en condiciones de
intervención científica, es el material genético de un hombre y una mujer lo
que nos posibilita la vida, por ese solo acto, estamos vinculados con los dos
desde el inicio de la Vida, el regalo que de ellos recibimos.
En este regalo también recibimos
la información de los que estuvieron antes, padre, madre, abuelos,
bisabuelos etc. y son los vínculos de amor y de lealtad a la familia, los que
nos llevan a implicarnos en asuntos del pasado, que afectan nuestras relaciones
presentes, sin ser consientes de ello.
Desde la psicología sistémica y desde los órdenes del amor, de Bert
Hellinger, se ha observando, que el
flujo del amor y la fuerza de la vida, se obstruyen cuando se excluye algún
miembro de la familia, cuando se altera el equilibrio entre el dar y el recibir
o cuando un miembro de la familia ocupa el lugar que no le corresponde. Este tipo de situaciones
familiares, entre otras, traen
sufrimientos, conflictos, ruptura en la comunicación amorosa y enfermedades al
sistema familiar y sólo cuando comprendemos, que “el orden viene primero que el
amor”, respetamos el lugar de cada
miembro de la familia, honramos su historia e incluimos a los excluidos,
damos, recibimos y tomamos la vida con
todo, estamos listos para crecer y servir en la construcción de una nueva
humanidad, desde la familia.
“El amor es una parte
del orden. El orden precede al amor, y el amor únicamente puede desarrollarse
en el marco del orden.” B. Hellinger

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